«Habitar poéticamente la tierra»: Salvatore Pace sobre Marcelo Pakman

A flor de piel. Pensar la pandemia fue novedad en enero del 2021 y recoge las reflexiones del Dr. Marcelo Pakman, conocido por sus articulaciones entre filosofía, epistemología, arte y pensamiento crítico con la práctica clínica de la psicoterapia y la terapia familiar, sobre el impacto de la pandemia en la psique humana, a un nivel muy profundo. La obra ya ha sido publicada en Italia bajo el título A fior di pelle. Pensare la pandemia (Polimnia, ebook, 2021), en cuya edición se ha incluido un «postólogo» del traductor Salvatore Pace, que aquí reproducimos:

POSTÓLOGO de Salvatore Pace*

Voll Verdienst, doch dichterisch,
wohnet der Mensch auf dieser Erde.

[Pleno de méritos, pero poéticamente
Habita el hombre sobre esta tierra]

Friedrich Hölderlin, In lieblicher Bläue, 1808

Poéticamente habita el hombre …

De los mitos – residuo incómodo de los albores de la humanidad que, aflorando de las oscuras profundidades de lo imaginario, se esfuerza en darle orden al mundo perdiendo, poco a poco, su virtud expresiva – a la insinuación Valeriana que destituye cualquier lugar de profundidad que no sea la piel. A flor de piel, en la visión de Marcelo Pakman, se mueve a lo largo de una superficie, como la generada por la pandemia, en la proliferación y el decurso de los discursos en los que el lenguaje que busca los inicios y los fundamentos tiene el defecto, impuesto por el propio limite, de no ser capaz de nombrar simplemente lo real que el poeta – prodigio extraño al orden artificial de las cosas – está habituado a frecuentar naturaliter.

Lo que hace eco de la racionalidad extrema, del punto de no retorno con el que se quiere contener al fenómeno pandémico, –y comprenderlo, a conciencia de que se trata en ocasiones de un aferrarse juntos etimológico1 que encubre una vocación reflexiva, mientras se apega al intelecto y a la asepsia neutra de las intoxicaciones numéricas que, a pesar de la percepción de la necesidad humana del otro, configuran las micropolíticas que orientan las respuestas a la virosis y a nuestros destinos–, son los mitemas sacrificiales, contrapartidas obscenas que juegan con la muerte  mientras recorren los cortes y las heridas antroposociales, a veces mal suturadas, de épocas anteriores.

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Se agrega a este motivo el núcleo narrativo del hombre que se esconde, del hombre ansioso de salirse de sí mismo para encerrarse aún más en sí mismo, que tiene como sustrato temático al homo absconditus –calco del Deus absconditus medieval habituado a habitar la distancia y  lo íntimo, superlativo absoluto de aquello que se encuentra lo más posible en el interior, del hombre –, donde hominitas y humanitas no convergen, contrariamente al esfuerzo evidente de Pakman de pintar la figura poética, más que trágica, de Asterión, el Minotauro, unidad indivisible de humanidad y animalidad:

«¿Qué es Asterión sino la suma de humanidad y animalidad en un ser único? De otro modo, el Minotauro se reduce a un espejo del hombre mismo, ya que tiene una parte humana, cuando quiere, y una parte animal, cuando el instinto triunfa sobre la razón2

El Minotauro es único. Y no por su evidente, monstruosa diversidad, sino por la paradoja de la cual el “bastardo monstruo” se vuelve vehículo, cuyo cuerpo es mediación de lo «irracional y lo humano, casi hombre y casi bestia»3, que la imagen invertida de Cima da Conegliano de un Minotauro con cabeza de hombre, reproducida en la cubierta, restituye no tanto en la similitas del rostro humano, cuanto en la simultas, el ser juntos de los hombres que es ya humanidad4: «No es posible ser únicos si no es entre todos. –asegura Nancy– Eso es lo que constituye nuestra comunidad más íntima: el sentido compartido de nuestro carácter único»5. Y, aún así, es único por la vacilación – ese punto de indeterminación donde los angeles vacilan6 – con que defiende su carácter único –«La verdad es que soy único»7– a pesar de la imposible antinómica lógica a la que nos devuelve su figura, la paradoja que solo vacilando reconocemos y soportamos.

He encontrado en otro lado de qué manera la función de la vacilación, la dilación, la incerteza, la suspensión que habita a la paradoja, desarma los tipos lógicos en favor de una confusión vital –«la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios», escribía Borges8que desordenando el mundo lo vuelve más vivo, más  complejo y rico en relaciones9: en La locura de Hölderlin de Giorgio Agamben10, obra en la cual el autor interroga y se interroga sobre la vida habitante, la vida que no se falta, que no se sustrae a sí misma.

Habitare –explica Agamben, como una excepción al valor corriente de la palabra– es el frecuentativo de habere, en el sentido propio de continuar a tener [o no dejar de tener], de la frecuentación o repetición de una disposición que se constituye en la duración y en la continuidad de una usanza que despliega el uso, en el tiempo y en los accidentes, de un habitus. Los hábitos y las costumbres [hábitos en ambos casos] definen –aclara Agamben– una vida habitante, un modo del hombre de vivir sobre la tierra, de volver habitable y habitual un cierto modo peculiar de cohesión que vuelve único a su habitar. Pero también una manera de habitarse, desde el momento en que –insiste el autor11– el hombre no puede haber-se ni poseer-se, en el sentido – como he especificado en otro lugar12–, que «el hombre no está determinado por la identidad ni menos puede ser reconducido a, o agotarse en, alguna vocación, disposición, tendencia o inclinación particular» vivida de acuerdo a fines determinados finalísticamente.

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Pero ¿qué es entonces lo “propio” del hombre?

De un modo diferente a la hexis aristotélica o, como lo llama Agamben, la “habiencia”, no hay algo del hombre que se puede tener o poseer aeterne, sino solo experimentar en cuanto actitud, posibilidad no seccionada de la acción realizada. Así que la vida habitante no es solo un cúmulo de actos arbitrarios e intencionales, en una superposición final perfecta de pensamiento y obra, sino – sobretodo – una forma de habitarse, de ser afectado continuamente por los propios hábitos, por el propio modo o uso habitual de sí mismo. Un modo que, en la comedia, no sujeta al personaje al deber de un nombre13 teleológicamente elegido a ser llevado por el τράγος (trágos) sacrificial, sino a la inocencia del carácter, de sus juegos y de sus lazos: «A cualquier hora puedo jugar», repite Asterión14. Su vida por lo tanto no es vida heroica, vida activa, sino diversiones laberínticas de la vida en su continuo dirigirse a otro lugar. “¿Lo creerás, Ariadna? –dijo TeseoEl Minotauro apenas se defendió»15.

Entonces, en los modos de Asterión, que finalmente son los modos de la vida misma, «la pandemia –escribe Pakman agregando en la conclusión a este pequeño libro– es […] una configuración híbrida compuesta de lo natural y lo social […]. Encontrar el sentido de un fenómeno de este tipo es entrar en cómo el evento que representan se logra composibilitar, hacer posible junto a lo que la vida era antes de que esta aparición súbita bis sorprenda. Y habitar ese sentido, hace posible […] reencontrar nuestra corporalidad de un modo que contra desigualdades y riesgos, ignominias y bajezas, honre también la belleza del mundo, el placer de habitarlo».

De aquí que habitar poéticamente la tierra no tiene lugar en las oposiciones categóricas que no tocan a la existencia humana, sino en el sentido de «lo nuevo que aturde y no cesa [de presentarse] y su com-posibilidad con lo consabido»16, es decir en la vacilación y en la suspensión, en el vértigo y en la maravilla que, en el fondo, no hace más que dar testimonio de la natura poética del vivir humano.

*Postólogo de Salvatore Pace a su traducción al italiano de A flor de piel. Pensar la pandemia, de Marcelo Pakman, publicada como A fior di pelle. Pensare la pandemia, Polimnia, ebook, 2021.


GEDISA publicará el tercer volumen de la trilogía «El espectro y el signo», formada por Texturas de la imaginación y El sentido de lo justo, en febrero de 2022, con el título El exilio del Mesías.

Las obras de Marcelo Pakman en Gedisa están diponibles en papel (España) y en ebook desde www.gedisa.com (con excepción de los títulos sobre Ciencias Cognitivas, solo en papel).


[1] Cfr. capítulo 4. Minotauro, donde Teseo, vuelto, escribe Pakman, «el brazo armado de la racionalidad», aferra – ad-ferra, toma el hierro – la espada para matar al monstruo biforme.

[2] D.G. Perez, «Reverberaciones grecolatinas del mito del Minotauro en Jorge Luis Borges y en Julio Cortázar», in Nova Tellus, 26-1, UNAM, 2008, p. 216.

[3] Tirso de Molina, El laberinto de Creta (1638), en Obras Completas – Autos sacramentales II – Instituto de Estudios Tirsianos, Madrid 2000, vv. 400-402.

[4] G. Agamben, Il volto e la morte, en: https://www.quodlibet.it/giorgio-agamben-il-volto-e-la-morte.

[5] J.-L. Nancy, Un trop humain virus, Bayard, Paris 2020, p.14. Del mismo modo afirma que volverse propiamente uno mismo es «hacerse real, efectivo, existir de un modo único».

[6] Una clara referencia a Bateson, padre e hija, coautores de El temor de Los Angeles. Epistemologia de lo sagrado, Gedisa, Barcelona, 2013.

[7] J. L. Borges, “La casa de Asterión”, en Obras Completas I 1923-1949, Emecé, Buenos Aires, 1979, p.569.

[8] J. L. Borges, op.cit., p. 570.

[9] Cfr. P. A. Rovatti, Abitare la distanza. Per una pratica della filosofia, Raffaello Cortina Editore, Milano 2007, cap. I, “Un occhio appeso al collo”, passim.

[10] G. Agamben, La follia di Hölderlin. Cronaca di una vita abitante (1806-1843), Einaudi, Torino 2021.

[11] Ibidem, Epílogo.

[12] Cfr. G. Sias, Navigare necesse est, vivere non necesse. El psicoanálisis al riesgo de la investigación, Postólogo, Polimnia Digital Editions, Sacile (PN) 2021, p. 75.

[13] Cfr. M. Pakman, Immagine e immaginazione in psicoterapia, cap.7 “Lo spettro sensuale e vivido della realtà è caduto sul segno”, Alpes, Roma 2018, a propósito de la ciega lealtad de Hamlet a su naturaleza trágica.

[14] Hago mía la sugestión con la cual Moreno Manghi, en una comunicación personal, relee mozartianamente este pasaje, ligándolo al recuerdo de una carta juvenil de Mozart al padre, «en la cual se trata justamente de estejugar” (pero es necesario haberse reconocido como Asterión), que constituye la esencia de su música». El goce como lo humano esencial.

[15] J. L. Borges, op.cit. p. 569-570.

[16] M. Pakman, “Vivir a la intemperie”, en «Actualidad Psicológica», Año XLV, n. 494, “Pandemia, angustia y contención”, Buenos Aires, 2020.

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