¿Liberar las patentes de las vacunas COVID-19? Joost Smiers contra las megaempresas

El 24 de febrero de 2021, los presidentes de Argentina y México reivindicaban la necesidad de declarar a la vacuna contra el COVID-19 un bien global, de modo tal que cedan los derechos intelectuales y que todos los países las puedan producir libremente en sus respectivos países”. La actualidad de las vacunas contra el COVID-19 nos hace recuperar la tesis del politólogo holandés Joost Smiers, adalid de la lucha contra el copyright y autor de los libros Un mundo sin copyright. Artes y medios en la globalización (2006), Imagine… No copyright (2012), en coautoría con Marieke Van Schijndel, y Romper con las megaempresas (2019), un manifiesto contra los grandes conglomerados financieros que firma junto al filósofo Pieter Pekelharing y el economista John Huige. Smiers defiende que el sistema de derechos de propiedad intelectual y las patentes privatizan la creatividad y los conocimientos que, de forma flagrante en el caso de la vacuna del coronavirus, son un bien común.

Libros de Joost Smiers en la editorial Gedisa

En la entrevista a Joost Smiers realizada por Andrés Lomeña y publicada en el Huffingtonpost (25/03/21019), el autor de Romper con las megaempresas declara:

«¿Por qué resulta urgente abolir los derechos de propiedad intelectual? Bueno, el problema está en la propiedad: se privatiza la creatividad y nuestro conocimiento colectivo. Seamos honestos: se avanza a hombros de gigantes, mediante esfuerzos comunes y gracias a la investigación y la educación financiada públicamente. La consecuencia fatal de esta privatización es que nadie más puede usar la creatividad o el conocimiento que está patentado o con derechos de autor. Ese manantial de conocimientos y creatividad se queda sin usar durante décadas. Es una oportunidad perdida para la sociedad.

Hay muchos otros argumentos para abolir el sistema de derechos de propiedad intelectual, pero me llevaría demasiado espacio ponerlo en contexto. Con mi propuesta de abolición, las personas se pueden preguntar: ¿cómo conseguiremos nuevos inventos si estos no pueden protegerse para que recuperen su inversión? Déjame que aclare esto con el ejemplo de las industrias farmacéuticas. Cada vez más personas se indignan frente a los precios abusivos que esas industrias piden por los medicamentos, o por el hecho de que se centran más en el mercado que en la salud de los ciudadanos, lo cual nos lleva a una pregunta urgente: ¿aún necesitamos tener esas industrias farmacéuticas? ¿Podríamos hacer lo mismo sin ellas? Mi análisis indica que podemos hacerlo mejor sin las actuales industrias farmacéuticas. ¿Cómo? La investigación para obtener nuevos medicamentos puede hacerse fácilmente en la universidad o en otros laboratorios independientes. Nosotros proporcionamos fondos públicos para financiar esa investigación. Las decisiones sobre el tipo de enfermedad que ha de investigarse deben tomarse por personas independientes del mundo de la medicina y de las instituciones sociales. Todos los hallazgos estarían libremente disponibles. Es decir, sin patentes. A continuación, algunas empresas con ese conocimiento podrían fabricar medicamentos que puedan venderse a las farmacias y los hospitales, solamente por el coste de producción y algo más en concepto de beneficios. Nada más. La consecuencia será que el precio de los medicamentos será sustancialmente más bajo que en la actualidad.

A ese precio se añadiría un pequeño recargo. Esa cantidad de dinero iría a los fondos públicos para la investigación. Es nuestro dinero y con él se desarrollarán medicamentos a partir de decisiones tomadas por personas que nos representan. Mi propuesta tiene muchas ventajas. La sanidad tendría un precio mucho más razonable. El conocimiento que viene de la investigación ya no sería un prisionero de las patentes, sino que pertenecería al dominio público. Así tendríamos medicamentos que respondan a nuestras necesidades, no a la de los mercados. Otro aspecto ventajoso es que el mercado no desempeñará ningún papel en las decisiones sobre el desarrollo y uso de los medicamentos. Lo que propongo es un cambio radical, pero espero que esto estimule a los institutos de investigación económica, social, legal, médica y farmacéutica para llevar mi propuesta más allá. Sí, tiene consecuencias, pero merece la pena devolver los medicamentos a manos públicas porque esas decisiones conciernen a nuestra salud, no a los beneficios de inversores privados.»

Leer la entrevista completa aquí.

Leer un fragmento de Romper con las megaempresas (pdf)


Consigue los libros de Joost Smiers en la web de Gedisa (España) o en otras plataformas.

Imagen de las vacunas: torstensimon

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