Michel Serres, “Pulgarcita” y el nuevo mundo digital

Nos complace dar a conocer esta nueva herramienta, el blog de Noticias de Gedisa, con la publicación de esta entrevista a Michel Serres a propósito de su obra Pulgarcita (2014), un texto breve en torno a la revolución de las nuevas tecnologías. La entrevista, realizada por la librería francesa Sauramps, está publicada en francés en el canal de YouTube de Gedisa con subtítulos en español. Hemos revisado estos subtítulos para un mejor entendimiento de los conceptos a los que se refiere Serres en la entrevista y en la obra: “Ahora, con el mundo en nuestras manos”.

Las entrevistas Sauramps: Michel Serres

¿Por qué decidió llamar a su libro Pulgarcita y no Pulgarcito?

Por una razón muy simple y muy seria. Yo enseño desde hace cuarenta años y, desde entonces, he sido testigo de la victoria de las mujeres. ¿Por qué? Porque los mejores de mis estudiantes eran casi siempre mujeres. Ellas son más profesionales, más atentas, más trabajadoras… ¿Por qué? Porque cuando llegan al mercado laboral, tienen más que demostrar. Porque, como la sociedad es todavía muy machista, las mujeres tienen la necesidad de destacar en su profesión –y lo hacen. Pero esto no es una opinión subjetiva, personal, mía. Se ve claramente en las estadísticas. Si miramos las estadísticas de aprobados de oposiciones, veremos que las mujeres tienen entre un 10 y un 12% más de éxito.

¿Podría hablarnos de la cubierta de su libro?

Sí, el dibujo es de Michelangelo, de la Capilla Sixtina (muy apropiado en la actualidad), y muestra la creación del mundo. Lo que he querido mostrar en este diseño es que, de alguna forma, hay un nuevo mundo que emerge, y que es un mundo dominado por la codificación. Hemos tomado dos manos, como las de Michelangelo, y las hemos codificado totalmente para ilustrar que este nuevo mundo está sometido a lo digital.

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¿Cuál es la evolución del binomio “soporte-mensaje” de la que habla en su libro?

Es verdad que, si contemplamos una computadora, es una máquina que ofrece una solución original al binomio “soporte-mensaje”. Este binomio “soporte-mensaje” ha sufrido tres grandes transformaciones. La primera, en el primer milenio antes de Cristo, cuando estábamos en un estadio oral. Solo existía el lenguaje. El soporte era el cuerpo; el mensaje era la voz. De repente, llega la escritura. El soporte se desplaza del cuerpo al papel y el mensaje pasa del lenguaje a la escritura. Esto supuso una revolución gigantesca que implicó cambios considerables en el derecho, la política, el comercio (con la invención de la moneda), la ciencia (con la invención de la geometría) y finalmente con los profetas escribientes de Israel y las santas escrituras.

La segunda revolución es la invención de la imprenta, en el 1500-1600, el Renacimiento. Hoy, con la llegada de las nuevas tecnologías y la informática, de golpe vemos las crisis que estamos viviendo: crisis jurídicas, políticas, económicas, (más o menos el mismo espectro) científicas y religiosas. Lo que está en crisis hoy son, grosso modo, las mismas crisis que ya vivimos dos veces, en el momento de la invención de la escritura y de la invención de la imprenta.

¿Qué dicen las viejas generaciones de esta Pulgarcita?

Ya sabe, cuando llegan las “pulgarcitas”, traen consigo una especie de cosecha de abuelos cascarrabias. Hay muchos abuelos cascarrabias que miran con malos ojos a Pulgarcita, como diciendo “era mejor antes”, ¿sabe? Y yo respondo: “Es verdad, era mejor antes, cuando solo nos gobernaban «grandes personas»: Stalin, Lenin, Pol Pot, Mao Tse Tung, Franco, sí, sí… Era mejor antes, con 150 millones de muertos en el siglo XX… Mucho mejor antes, claro…”

Hoy en día, sus alumnos pueden tener acceso anticipado al contenido de sus cursos. ¿Eso le supone algún problema?

Sí, supone un problema por una razón muy simple. Cuando entro en el aula y doy clase sobre un tema, me pregunto qué probabilidad hay de que un porcentaje de mis alumnos ya haya consultado el día anterior en Wikipedia el tema de mi curso. Por tanto, hay un cierto número de estudiantes, sobre todo en EEUU, que vienen a verme y me dicen: “¿Por qué, Sr. Serres, estamos pagando (tan caro) para obtener una información que ya tenemos en casa desde hace años?” Sí, eso supone un verdadero problema. El docente está obligado a adaptarse a esta nueva situación y lo hace de la siguiente manera: ya sabe qué información hay en Wikipedia y asume lo que yo llamo “presunción de competencia”: ya no presupone que los estudiantes son ‘incompetentes’ sino que entiende que han tenido acceso a esta información. El curso debe tener en cuenta, precisamente, el hecho de que ya han tenido acceso a ella. En consecuencia, la naturaleza de las clases está cambiando, simplemente.

Usted dice que los jóvenes lo tienen todo por inventar o por reinventar… ¿A qué se refiere?

Todas estas revoluciones se presentan como una especie de pivote o balanza de civilización, de cultura, de relaciones humanas, etc., que nos hace pensar que las instituciones bajo las que vivimos hoy en día fueron inventadas en un período en que el mundo no era tal como es ahora. Así, se da una especie de obsolescencia entre el mundo antiguo y la llegada del nuevo mundo. Entonces, evidentemente, es cierto que todo ha sido reinventado de alguna manera, sin duda alguna

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Leer sobre un soporte digital o en papel, ¿es lo mismo?

Efectivamente, hoy se cree que la experiencia sobre la pantalla no concierne en absoluto a las mismas neuronas que intervienen en la lectura en otros soportes. De ello, tenemos pruebas contundentes. Por ejemplo, el Sr. Dehaenes, de la Academia de las Ciencias, ha escrito un libro y ha descubierto “Las neuronas de la lectura”. Al final de la obra se plantea una pregunta muy interesante: “¿para qué servían estas neuronas antes de la invención de la escritura?” Yo creo simplemente que hay un desplazamiento en el ejercicio de las neuronas a este respecto. No es la primera vez que la cabeza cambia. La prueba está en que, antes de la imprenta, un historiador, por ejemplo, estaba obligado a saberse de memoria a Tito Livio, Tácito, los historiadores latinos, los historiadores griegos, Tucídides, Heródoto, etc., porque no tenía acceso a los manuscritos, por supuesto, o porque tenía que ir a Alejandría o a Roma a consultarlos… uno no puede estar siempre en Alejandría, ¿no? Luego, se los sabía de memoria. En el momento en que llega la imprenta, el padre Michel de Montaigne, en su torre al lado de Burdeos, tiene en lo que llama “librería” ejemplares de Tito Livio, etc. Y por tanto ya no se los tiene que aprender de memoria. Y por eso dice: “Prefiero una cabeza bien hecha a una cabeza bien llena”. Lo que significa que su cabeza estaba “llena” antes y que ahora ya no lo necesita. Entonces, lo que cambia con la imprenta es la cabeza. Lo que está cambiando hoy también es la cabeza.

¿Qué otro gran cambio ve usted?

Yo creo –precisamente lo cuento en el libro, cuando hablo del suplicio de Saint Denis, a quien le cortaron la cabeza– que la computadora que tenemos delante tiene una memoria colosal, millones de imágenes y, con la ayuda de programas muy precisos, posibilidades operacionales de resolución de problemas. Esto es: memoria-imaginación-razón. Pero yo, cuando era joven, leía en los tratados de filosofía que el conocimiento humano se dividía en tres facultades: la de la memoria, la de la imaginación y la de la razón, que teníamos en nuestro cerebro, en la cabeza… Y ahora está delante nuestro. Esto ha generado una especie de objetivación, de externalización de nuestras facultades.

¿Qué les diría a los detractores que le cuestionan este tema?

Hay dos tipos de preguntas negativas que me han llegado a plantear. Primero, las preguntas que son fáciles de responder porque vienen de personas no competentes que no han visto nunca las nuevas tecnologías. Luego, están las preguntas de riesgo, de sorpresa, de peligro, de sospecha, etc.  Aquí vemos que son precisamente los que están del otro lado de la brecha los que presentan una cierta inquietud y dicen “no estoy acostumbrado a este mundo, ¿cómo podría adaptarme?” Y es ahí donde el libro interviene, y le voy a decir por qué. Porque el número de madres y padres de familia que me dicen “gracias, ahora entiendo mejor a mis hijos”, o el número de profesores que me dicen “gracias, ahora entiendo mejor a mis alumnos”, ¡también maestros! [en francés, se diferencian los términos ‘maestro’ y ‘profesor’ según el nivel educativo], y la cantidad de jefes (RRHH) que me dicen “ahora comprendo mejor a la nueva generación que llega al mercado laboral cuando les hago una entrevista de trabajo”… es considerable. Tengo la impresión de que este libro es un acompañante de la gente de la que usted habla. En efecto, están un poco inquietos, y gracias a este libro tienen una pequeña apertura a la novedad.

Pulgarcita tiene sin embargo acceso a todo, inmediatamente. ¿Qué piensa usted de esto?

Todo lo que sé es que este acceso a la información le da a Pulgarcita una especie de… lema. Ella me ha hecho descubrir el sentido de la palabra “AHORA”. [ en francés, maintenant, que es homófono de main tenant, “tener a mano” o “tener al alcance de la mano”, “tener en las manos”, y Serres utiliza este juego de palabras]. Pulgarcita tiene al alcance de la mano, ¿qué? Tiene en sus manos los lugares, con el GPS; la información, con Wikipedia, o a cualquier persona, con una llamada de teléfono. El teorema del mundo pequeño, dijo el matemático. Y de golpe tiene en sus manos un nuevo tiempo, un nuevo espacio, un nuevo acceso a la información, un nuevo mundo. “Ahora, con el mundo en mis manos” (en francés, Maintenant, tenant en main le monde).

Pero si me pregunta por quién, antes que ella, ha podido decir “ahora, con el mundo en mis manos”, le diría tal vez Augusto, el emperador de Roma, o Luis XVI, etc. –gente muy especial. Hoy, las pulgarcitas del mundo que pueden decir eso son tres mil setecientos cincuenta millones de personas. Y ésa es la promesa de algo nuevo, desde el punto de vista de las relaciones políticas, de las instituciones, etc.: que justamente haya tantísima gente que pueda decir algo que ni siquiera el más poderoso podía decir. Esto es una novedad.

¿Cuál es la diferencia entre los antiguos y los nuevos medios de comunicación?

Los antiguos medios, como la televisión… Me gustaría imitar a alguien viendo la televisión. [Serres se reclina en la silla] Él mira la televisión, está mirando la televisión. [Se incorpora] Él está frente al ordenador. Cuando vas en coche, está la posición ‘pasajero’ [se reclina] y la posición ‘conductor’ [se incorpora], la posición pasiva y la posición activa. Y ésa es la diferencia entre los antiguos y los nuevos medios de comunicación. Por un lado, está la postura pasiva, con la que nos dormimos y con la que podemos llegar a volvernos relativamente estúpidos. Cuando estás en la postura activa, tienes la posibilidad de volverte más inteligente. ¿Entiende lo que quiero decir?  Hay un dato muy curioso… Las mujeres en Francia tienen una esperanza de vida de 84,8 años, prácticamente 85 años, y a partir de esta cifra se ha intentado calcular cuánta esperanza de vida hemos ganado por día. Hoy, con respecto a nuestros antepasados, hemos ganado tres horas y 37 minutos de esperanza de vida por día, lo cual es colosal. Y esta cifra, 3 horas 37, se corresponde exactamente con la media de horas diaria que la gente se pasa frente al televisor. Es decir, con la esperanza de vida que han ganado, la pierden volviéndose tontos. ¡Es extraordinario! ¡Extraordinario! ¡Extraordinario!


Pulgarcita está disponible en su librería de confianza o en formato digital (eBook) desde nuestra página web.

La edición en catalán, Ditona, está igualmente disponible en papel y formato eBook.

Consulta todas las obras de Michel Serres en Gedisa.

Descarga la introducción de Pulgarcita aquí (pdf).

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